Aquí estoy
escribiéndote, siempre para mi es
complicado iniciar y tal vez esa sea la razón por la cual pienso tanto,
pero ya encontré el valor y estoy frente al portatil he decidido
iniciar esta carta comentandote como me he sentido estos ultimos
momentos... sucede que, nunca en mi vida había sentido tanta
incertidumbre y tanta inseguridad,
pero a la vez nunca he sentido tanta valentía y tanta unión en mi
alrededor, ¿Es cierto que el miedo nunca desaparece para los valientes? Y
es que es de
valientes actuar ignorando el temor de algo incierto. Solo en ese
instante la
fe hace de las suyas, son aquellos minutos dentro del tiempo donde
aquello que
no tiene sentido, cobra un gran valor ante tus misterios. Eso nos llena
de
alguna manera, eso nos calma dentro de tanta ansiedad.
Por otro lado sabes que aquí existe gente indiferente que
aparenta no llorar tanto como nosotros cuando en realidad sus lágrimas
son
capaces de correr en cualquier instante. Por favor perdona nuestra
incapacidad de
comprensión a tal desdichas. Siento que nos preocupamos tanto por cosas
ya perdidas, cuando debemos rescatar de los escombros lo que es válido.
Tambien está no muy lejos de nosotros la realidad que nos golpea y que
poco hace frente por las
noches obscuras.
De estos días que han transcurrido, he aprendido que
la humanidad es uno mismo, y sé que puede sonar muy obvio cuando te lo comento,
pero permíteme ir más allá, porque no es sencillo asimilarlo. No es fácil asimilar
que puedes salir de tu casa y no regresar a ella, mi familia, mis amigos y yo por
primera vez lo hemos sentido, lo hemos creído eso es de verdad distinto para nosotros.
Sé que para ti todo lo que sucede formará parte de la historia, pero no escribo para enorgullecerme de vivir un día más, sino que me dirijo a ti pidiéndote piedad por cada alma que cae por la miseria de otra.
Sé que para ti todo lo que sucede formará parte de la historia, pero no escribo para enorgullecerme de vivir un día más, sino que me dirijo a ti pidiéndote piedad por cada alma que cae por la miseria de otra.
Mientras te escribo ahora mismo sobre la tierra de Venezuela
todo tipo de energía se hace presente, toda personalidad se acentúa. Jóvenes
que despiertan y reclaman sus derechos, guardias nacionales que deshonran con
orgullo sus propias promesas mientras disparan a su propio pueblo, madres
llorando, y dirigentes políticos celebrando carnavales. Venezuela se sacude,
literalmente está temblando. He soñado que mi país tiene vida propia, ya sabes, la tierra
como tal, y por eso interviene en todo esto.
Me temo que debo irme ya, y terminar esta carta. Para finalizar sólo quiero pedirte por cada joven que ha entregado su
vida a tus manos, señor permíteles soñar con más oportunidades donde quieran
que estén, que esas personas puedan estar en paz a tu lado, nosotros aquí
sentimos el vacío de su ausencia. Por favor recuérdales que su
compromiso se ha convertido en nuestro compromiso… y que lo damos todo, porque creemos
en lo mismo que alguna vez ellos creyeron, creémos en una Venezuela mejor.
Que en tu destino, la realidad esté cerca de lo que es concreto
Por tu Justicia Venezuela, por tu paz.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario